¿Qué tantos placeres o con cuanta intensidad llega la retribución de ser, si el ser está condicionado por la media? Es fácil al salir a la calle, al caminar por los pasillos de la U y al entablar ciertas conversaciones, encontrar muchas veces una repetición de símbolos y “formulas”.
Me parece sorprendente como después del triunfo de gente extra-ordinaria, la sociedad sigue ceñida a mantenerse en un ámbito demarcado por lo común. Mi suposición es para sentirse aceptados.
Una camiseta con un Jim Morrison o con un chiste de don Ramón son clásicos ejemplos. Es casi obvio que si una persona los utiliza tendrá asegurado un “nivel” de “éxito” o aceptación. Más fácil presentar una fórmula ya probada que, sacar algo nuevo del sombrero.
El ejemplo es solo eso, el problema no lo considero tanto en como una persona viste; parto de acá porque me pregunto: si una persona, de esta misma manera determina sus decisiones, así como, quien ser en vez de sólo ser, ¿qué retribución hay en vivir o que intensidad al sentir si se está limitando bajo una norma o un modo de vida demarcado, siguiendo ciertas formulas para describirse sin, explorar las verdaderas aficiones internas? Y, depende de cómo pase el tiempo, a la cuestión se sumaría, ¿Es posible llevar una vida completa sin vivir al ritmo del interior?
Creo que la respuesta a mi planteamiento seria "para asegurarse una felicidad" y, claro está que si es una técnica válida para atenuar los golpes y rechazos pero, al mismo tiempo, se paga con el precio de ser privado de alcanzar la cima de sus emociones y el placer de explotar su propia infinidad.
viernes, 11 de septiembre de 2009
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