Me encuentro en medio de la oscuridad, aun así cierro los ojos. Dejo mi cuerpo sumergirse en el grueso de las toallas. El frio del piso me rodea, el vapor del baño se deposita en mi cuerpo. Derramo gotas de aceite rosado sobre mi piel, con suaves hondas lo deslizo. Inmediatamente mi temperatura empieza a exaltarse e involuntariamente con mi mente solo consigo recordar la última vez que estuviste sobre mi cuerpo, rozando tu pecho contra mi espalda.
El tiempo y el mundo dejan de ser relevantes. Siento tu sudor humectándome y tu lengua que, con suaves caricias, me eriza profundizando el hueco en mi estomago. En mis pies, al pensar en tus movimientos, tus mordiscos, tu penetración profunda, constante y deliciosa, se despiertan rayos de electricidad. Realizo que no puedo detenerme, mi cuerpo parece contraerse y enviar energía a cada partícula, subo una colina. Descubro por un momento el centro del cuerpo, de mi ser.
El final se acerca rápidamente con otro tipo de contracciones más cercanas a la parte que, con mi mano deseosa acaricie. Mi temperatura desciende.
En esos segundos de contemplar y renacer, reitero cuanto amo mi cuerpo, al mismo tiempo en el que realizo que no sos solo mi compañero sino mi juego favorito, mi fantasía.
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