La unión, la comunión, y la convivencia con nuestros hermanos indígenas deberían de ser rutinarias sin ser estas una gran sorpresa. Este es tan solo un ejemplo de lo que no aprovechamos en nuestro camino. Por el contrario desechamos enseñanzas preciadas al ignorar sus fuentes, cuando en realidad tenemos muchas cosas que conocer y apreciar.
Vivimos en una sociedad en la cual pretendemos idolatrar la tecnología y olvidar todos los valores que le dan color y belleza a nuestros alrededores, así como un mayor significado a quien realmente somos.
El verdadero espíritu de nuestro interior se pierde cada vez que cerramos los ojos ante un capital ficticio, y una fantasía electrónica.
Es por esto que sentimos la necesidad de correr por un nuevo destino en el cual la ausencia de límites sea nuestra meta diaria.
Buscamos un lugar donde no exista salida. Donde no alcancen las cuerdas que nos sujetan al caer, y así poder cerrar los ojos y sentir como el vació de un pronto a otro nos sacia el deseo de vivir.
viernes, 13 de abril de 2007
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